sábado, 6 de mayo de 2017

Suena el piano



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Es el inicio de la primavera en Iowa, y los árboles lucen sin hojas. Por si esto fuera poco el cielo está nublado; pero igual es agradable dar un paseo por la tarde o tomar una taza de café en la terraza de la casa. Tampoco es una mala idea visitar a un viejo amigo o a un familiar querido.
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Ya no recuerdo la cantidad de viajes que hice con Allison para visitar a Jennifer, su madre. Solo recuerdo el viaje de dos horas y media por la highway. Algunas veces con lluvia, otras veces con un sol a punto de ocultarse. Recuerdo las paradas en la bomba de bencina para comprar café o soda, y una que otra comida chatarra, para luego proseguir con el viaje.
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Fueron varios los viajes, tanto así que recuerdo bien algunas paradas de descanso, puentes, tiendas comerciales, o paisajes a lo lejos. La música que escuchábamos en el trayecto, también la recuerdo. Era música rock de los ’70 y algo de country. A veces yo hablaba con Allison, otras veces guardaba silencio, no porque no quería hablar, sino porque ese callar era como una pausa en el viaje.
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Nos despedíamos de Jennifer siempre con un abrazo. Debo decir que los últimos no eran meros abrazos, más bien era como compartir calor para mantener una llama encendida entre los dos, mejor dicho, entre todos. Pues no fueron pocas las personas que la visitaban aquellos meses de marzo y abril.
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Y de pronto estamos de nuevo en la highway camino a Grimes para ver a Jennifer. Esta vez la calma no nos acompaña. Es decir, solo queremos llegar pronto al lugar donde esta Jennifer. Y ese silencio que antes era una pausa, ahora se convierte en un caer sin tocar fondo. Hay una angustia que quiere consumirnos. El sol cae para dar paso a la noche, pero nosotros debemos imaginar que es de día porque algo se acerca o quizás algo se va.
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Ese sábado fuimos bien vestidos a Anamosa, lugar donde se llevaría a cabo la misa. La familia había llegado con la suficiente anticipación. Todos lucían elegantes, muchos con traje oscuro, y también más de uno tenía una sonrisa al momento de saludar a los demás.
Creo que la misa se desarrolló con normalidad. No hubo gritos, ni gente desmayada, como podría ocurrir en otro lugar más lejano. Más bien había una tranquilidad o una calma acompañada de tristeza y pena. Y de pronto la música del piano nos envolvió, como si quisiera unir a todas las personas presentes. Pienso que entre medio de ese “algo” que nos une está algo de Jennifer. Todos tenemos algo de ella en ese momento. Imagino, más bien, quiero imaginar, que ella desde algún lugar debe sentirse contenta porque fue ella quien nos convocó este día, y no otro.
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Cuando el tiempo te acorrala es poco lo que puedes hacer. Salvo que saques una fuerza extraordinaria para permitirte tú mismo hacer las cosas que más te gustan, sin importar o sin tener en cuenta el tiempo. Es como si tú inauguraras tu propio tiempo, tu propio río, tu propio fuego, tu propio final. Eso vi en ti, “Mom Lowe”.


jueves, 9 de junio de 2016

¿Quién tiene la batuta, Presidenta?

La marcha estudiantil convocada para hoy jueves no hace otra cosa que denunciar una vez más a la clase política por no haber eliminado del todo las estructuras autoritarias dejadas por la dictadura de Pinochet (1973-1990). Estructuras que se manifiestan de diferentes formas, siendo una de ellas un sistema de educación que privilegia al que más tiene, y castiga al que menos tiene.
Los estudiantes hoy movilizados tienen además de la capacidad de convocar una marcha, la creatividad para hacerla. Es fácil identificar las músicas y bailes que acompañan el trayecto de la marcha, además de los lienzos y banderas. En cambio los tambores y las marchas de las fuerzas armadas resultan anquilosadas y aburridas a lado de las estudiantiles. Y todo parece indicar que será así por mucho tiempo, si tenemos en cuenta el caso de corrupción y malversación de fondos del Estado.
En cuanto al actual gobierno parece que a medida que hace cambios en puestos importantes –por ejemplo, cambiar un ministro del interior o un intendente– no hace otra cosa que poner al desnudo sus directrices bajo las cuales quiere gobernar a la sociedad chilena. Y el reclamo principal de ésta es que la justicia en sus diferentes vertientes (social, política, económica) es la gran ausente. Una de las líneas de acción más recurridas por el gobierno ha sido la represión contra los movimientos sociales que denuncian a sus gobernantes –por ejemplo– el rigor para castigar a la delincuencia de poca monta, no haciéndolo así con la delincuencia de terno y corbata. Es más a este último sector -el poder económico- no se le reprime, más parece que se lo fortalece.

Más marchas vendrán, mejor si nosotros también nos sumamos a ellas.

domingo, 17 de mayo de 2015

Los sin voz


 
(Foto: https://caminatadelxssinvoz.wordpress.com/)

En Santiago aún se siente el calor del último verano. Todavía la gente usa chores y lentes de sol. Cerca de La Moneda, exactamente, entre la Alameda Bernando O’Higgins y Morandé, hay un grupo de turistas que, por la forma de hablar, parece una familia brasileña. Ellos detuvieron su marcha para tomar unas fotos, pero no a La Moneda sino a una protesta denominada “Caminata de los sin voz”, realizada el día 31 de marzo del presente año.
 
No es una protesta “multitudinaria”, a lo mucho hay veinte personas. No hay tambores, pero todos gritan con fuerza e indignación. Algunos de sus carteles dicen: “No estamos todos, faltan lxs presos y presas”; “No más torturas en las cárceles”; “81 razones para no olvidar”. Esta última frase está grabada en una gigantografía, acompañada de imágenes del incendio de la Cárcel de San Miguel, acaecida el 8 de diciembre del año 2000 (justo a dos días de celebrarse el Día internacional de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). 

En esta manifestación también hay otro grupo de personas, casi la misma cantidad y con uniformes, Carabineros de Chile. Muchos de ellos observan el acto con indiferencia, quien sabe a la espera que “alguien mueva un lápiz” para poder actuar. Una carabinera en cambio prefiere mirar el acto desde un lugar privilegiado, frente a los manifestantes, con una cámara en la mano, por si algún detalle se le escapa.

La gran mayoría de los manifestantes son familiares de personas privadas de libertad que murieron calcinadas en aquel fatídico ocho de diciembre. Otros son parientes o amigos de personas privadas de libertad que actualmente están cumpliendo una pena en un recinto penitenciario de Santiago. Y unas cuantas son personas que se solidarizan con la problemática carcelaria que existe en Chile. Dicha problemática involucra como responsables a: Gendarmería, el Congreso, el Poder Judicial. 

(Foto: https://caminatadelxssinvoz.wordpress.com/)
En el caso del Poder Legislativo, porque aún no dicta una ley de ejecución de penas, acorde a los Tratados internacionales de derechos humanos (por ejemplo: las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos de 1955, dictado por la ONU). En lo que respecta al Poder Judicial, actualmente, viene incumpliendo su obligación de control de la legalidad al interior de los recintos penitenciarios. Excusarse de ello en razón a la falta de una ley de ejecución de penas, resulta una explicación insuficiente. Pues la normativa vigente establece mecanismos de defensa para personas privadas de libertad, tales como los recursos de protección y de amparo. Sin embargo, investigaciones socio-jurídicas, como la efectuada por el jurista alemán J. Stippel (ver su libro, “Cárcel, Política y Derecho”), nos dicen que la actitud del aparato judicial es pasiva frente a la vulneración de los derechos no afectados por la condena de las personas privadas de libertad (derecho a la salud, derecho al trabajo, derecho a la sexualidad), porque la gran mayoría de los recursos de protección o amparo, interpuestos por personas privadas de libertad o sus familiares, vienen siendo rechazados sin fundamento jurídico alguno; lo cual en cierto grado legitima el proceder arbitrario de Gendarmería.  

Termina el acto de protesta pero antes, uno de los organizadores de la “Caminata de los sin voz” ha hecho entrega a la mesa de partes de La Moneda un memorial dirigido a la Presidente de la República en donde solicita la pronta solución del problema carcelario del país. Entre otros problemas podemos mencionar: actos de tortura al interior de los recintos penitenciarios, traslados injustificados de personas privadas de libertad a lugares distantes de sus familiares, restricciones al ejercicio de la sexualidad, especialmente, a mujeres privadas de libertad; excesivas horas de encierro y pocas horas de patio, muertes en los recintos penitenciarios, obstáculos legales para “eliminar antecedentes penales”, etcétera.

Esta “Caminata de los sin voz” reclama también mayor conciencia ciudadana a la sociedad, porque es allí a donde retornaran los privados de libertad una vez cumplida su pena.     

sábado, 7 de febrero de 2015

Nueva York a través de Taxi Driver


La película Taxi Driver (1976) del director Martin Scorsese podría ser la representación de una ciudad agitada, caótica, que se mantiene –contradictoriamente– gracias a ese caos inherente a ella.

Pero la película va más allá de una simple confirmación de los hechos. Pues trata de captar un Nueva York desde la perspectiva de un taxista. Gracias a ésta persona, un taxista de nombre Travis (Robert De Niro), podemos acercarnos a un Nueva York nocturno, sonámbulo, alegre y peligroso. Creo que no hubiera podido ser de otro modo, pues que otro mejor testimonio que la de un taxista, exento de obligaciones estatales, desprevenido de algunos prejuicios, que interactúa con todo tipo de personas (malhechores, políticos, asesinos, prostitutas, etcétera).

La historia de la película nos habla de un excombatiente que luchó en Vietnam, y que sufre de insomnio y esto prácticamente lo obliga a trabajar de taxista. Cada noche, Travis, mientras maneja, desea que venga un río para que se lleve toda la delincuencia, la prostitución, la drogadicción, que hay en la ciudad. Pero curiosamente el taxista también forma parte de este panorama, porque es él quien traslada de un lugar a otro al asesino, al político, a la prostituta.

La película hace un primer viraje de este panorama sombrío hacía otro más optimista y agradable. Y es cuando entra en escena Betsy (Cybill Shepherd), una bella mujer, que trabaja en una campaña presidencial. En esta parte se tejen algunos momentos íntimos, y también bruscos. Pues Travis expresa su simpatía y gusto a la belleza de Betsy. Ella, un poco sorprendida, pero también alagada, acepta salir con Travis. En una de las salidas, Betsy, desistirá salir más con Travis, dado sus gustos –poco comunes– para ver películas.

Otro viraje que hace el taxista es cuando conoce a Iris (Judie Foster), una adolescente que trabaja como prostituta en la gran manzana, cuyo cafiche (proxeneta) la tiene enamorada, (romance traducido en drogas). Aquí podríamos decir que la película toma un ritmo diferente, porque Travis cambia aquella actitud observadora que tenía antes por la de un justiciero dispuesto a hacer cualquier cosa.


En esta película también hay escenas que transcurren de día, a plena luz del sol. Es ahí es donde vemos un Nueva York ordenado casi pacífico que nos indica cierta normalidad cotidiana. En estas escenas podemos ver un contraste entre un Nueva York nocturno y un Nueva York de día. El primero es violento y caótico; el segundo, bullicioso y vulnerable a la más mínima amenaza. En el primero, las vidas anónimas cobran sentido; en el segundo, cualquiera es sospechoso de algo.

La última parte de la película es violenta, pero hay algo que no se puede escapar fácilmente de los ojos del espectador. Y me estoy refiriendo a la irrupción de Travis armado en aquel lugar en donde se efectuaba la prostitución –en rigor no es un motel pero cumple esa función– constituye una interrupción a aquel caos nocturno en donde además de prostitución hay más cosas (asesinatos, asaltos, etc.). Podría decirse que Travis rompe aquella “normalidad” de la noche, con el propósito de, ¿rescatar a Iris de las manos de un pedófilo?, ¿hacer justicia con sus propias manos, ya que nunca llegó aquel río para limpiarlo todo?, ¿una revancha en vista que no pudo matar al senador candidato a la presidencia, porque Travis fue descubierto por los guardias?

Creo que cada espectador podrá responder de la mejor manera esas preguntas. Sin embargo, algo que no se puede soslayar es que fue Travis quien llegó primero al lugar de los hechos. Además, fue él quien actuó primero, y no tanto la policía ni los políticos. Y menos los medios de comunicación. Estos llegaron –como siempre– último, a certificar lo ocurrido y a levantar el acta del crimen. Es más, no sólo llegaron tarde, cumplieron la labor patética de calificar a Travis como un “héroe” (¿lo habrían calificado como tal en otra circunstancia?).

Los vecinos están alrededor de la escena del crimen. Ellos expresan mucha curiosidad, vaya a saber uno si por lo ocurrido o por saber a quién le toco morir esta vez en aquella noche neoyorquina.

jueves, 27 de noviembre de 2014

En la casa de Satchmo


Visitar una ciudad que lo tiene todo, éso significa, al mismo tiempo, que es imposible conocerlo todo. Cada rincón dice algo. Cada cruce de miradas habla algo. Cada lugar guarda algo, o al menos conserva algo. 

La gran manzana (NY) es una de aquellas ciudades que lo tiene todo, y que al mismo tiempo es difícil conocerlo todo. Esto lo supe, incluso, antes de viajar. Lo supe cuando leí una revista, y decía que ni los mismos neoyorquinos, lo conocen todo.

Ante estos casos, lo mejor es decidir, mal o bien, pero decidir. Eso es lo que hice en esos cuatro días: me limité solo a visitar solo algunos sitios guiado más por la curiosidad que por el libro de turismo. Pues así llegué a la casa-museo de Louis Armstrong, en el distrito de Queens.

Para llegar a la casa atravesé un barrio, en donde la mayoría de personas que vivían ahí, eran latinos. Eso quizás me hizo sentir casi como en casa. Pero me sentí más en casa cuando llegué a la casa de Louis. Justo ese día de agosto hubo un concierto-tributo, a Louis, por su cumpleaños.





jueves, 14 de agosto de 2014

EN LA CASA DE LA GRANDMA

La grandma tiene una casa de madera,
Y a su alrededor hay un huerto, varios árboles, un columpio, y muchos gatos blancos.
En la terraza de la casa hay asientos y un termómetro del tamaño de un reloj de pared.
Frente a la casa hay una vista al horizonte,
y en el medio de éste,
Campos de maíz,
Que por su color verde tostado,
Parece un piso intermedio entre el cielo y la tierra.

Dentro de la casa de la grandma
Siempre hay una taza de café amargo,
Y un delicioso blueberricoffeecake.


martes, 5 de agosto de 2014

EN EL DIA DE TU CUMPLEAÑOS

No te olvides que llegaste a la cinco de la mañana, y nadie te esperaba en el terminal de buses, excepto el invierno de la ciudad, y un taxista que te cobro el doble.
No te olvides de aquella tarde -casi ya de noche- en que te perdiste en las inmediaciones de la Estación Mapocho. Andabas con un Mapcity. Sin embargo, este no fue suficiente, y lo que realmente te ayudo fue aquel viejo que detuvo su marcha para decirte que la dirección que buscabas era otra diferente a la que te dirigías.
No te olvides que tus primeros amigos fueron una secretaria y una recepcionista de hostal. La primera suspendió su jornada de trabajo por un cuarto de hora para hablarte de la comida peruana, los Inkas, y otras “maravillas”. La segunda, más que una recepcionista, una amiga dispuesta a guiarte, para que sortearas sin muchos problemas, la vorágine de la ciudad.
No te olvides de aquel libro de cabecera (“El pez en el agua”) que fue el mejor remedio en un turbulento mes.
No te olvides de aquella primera biblioteca que encontraste en un paseo en el Parque Forestal, la cual te impresiono mucho, (casi hasta te da un infarto). Ahora la vez modesta; pero en aquel entonces, el solo pasear por sus estantes, y el solo tocar los libros con tus propias manos, te provocaron una especie de retorno al juego de la lectura. Ahora conoces otras bibliotecas, que tienen pisos y pisos de libros. Paseas entre sus estantes con la misma impresión de aquella primera vez; a veces, casi ni te sorprende, gracias, a aquella primera experiencia.
No te olvides de la comunidad flanerística, de los amigos y de aquellos humos, atravesados por preguntas acompañadas de muchas carcajadas. En esa comunidad, casi hermandad, el verdadero idioma era la fraternidad.
No te olvides de la señora Ardilla, y de aquellas conversaciones, pasada la medianoche, y de aquella vez en que desmitifico al Quijote leyéndote un poema de R. Dario.
No te olvides de tu primer trabajo (un oficio). Tenías horario de oficina, café express, un jefe bueno para nada, etc. Más allá de todas esas cosas –tienes que reconocerlo- tu trabajo era casi un premio. Efectivamente, vendías libros pero antes de venderlos tú los leías primero. Y como no mencionar a los compañeros de trabajo: dos argentinos y una persona que vino de España. Esta última, cómo decirlo, te hizo ver lo que significa ser extranjero en tu propia tierra. Sin esos compañeros tú trabajo habría devenido en una completa rutina.
No te olvides de los “carretes”. Entre ellos, aquel salón de baile para bailar salsa. Antes de encontrarlo, jurabas que solo volverías a bailar cuando regresaras al reino de Ancat. Menos mal que esa absurda idea duró poco tiempo, porque ahora bailas cuando tocan Chico Trujillo (como en aquel año nuevo con los Panchos).
No te olvides, ahora que estás de cumpleaños, del gran Santiago y de su aniversario (su cumpleaños). Tú no le regalaste nada, pero quizás él sí algo a ti. Saliste solo a la calle, y encontraste una mirada soñada.  
(…)
Recuerda todas estas cosas como un comienzo, un punto de partida, y ten presente aquellas palabras del poeta de Alejandría: Ítaca nunca te prometió nada. El viaje, y todo lo que aprendiste, es lo mejor lo que te pudo dar.


(foto: en el bar The Mill de Iowa City, no muy borracho, feliz de haber encontrado una rockola con música jazz).

lunes, 28 de julio de 2014

BUEN HUMOR PARA EL MAL TIEMPO

Planificas tu viaje, siempre, cuidando hasta los mínimos detalles. Tratas que las escalas no sean eternas. Llegas al aeropuerto no dos hora antes de tu vuelo, sino hasta tres horas antes, y no solo eso también tratas de recordar todas las horas locales de los países, en caso, que viajes al extranjero.

Lo que no puedes descartar, u olvidar, es que cada viaje que emprendes es casi como un juego, y muchas veces tú no eres el que tiras los dados; sino, a veces, el azar.

Tenía planeado llegar a Chicago a las 11:30 a.m. (hora local), pero el vuelo que me llevaba allí fue cancelado por el mal clima que había en Dallas. Antes de enterarme de aquella noticia, había pasado con éxito una engorrosa revisión migratoria y aduanera. Dallas era la ciudad en que arribaba mi vuelo desde Santiago. Quizás esto debería ser un asunto menor, sin embargo, no lo es cuando lo haces por primera vez. En algunos rostros veía una naturalidad durante el proceso de revisión: poner todas sus cosas (billetera, correa, celular, etc.) en una bandeja de plástico, y luego quitarte los zapatos –en mi caso, zapatillas- y atravesar descalzo por una maquina que me imagino es para saber si llevas drogas o armas.

Luego de la revisión migratoria y aduanera busqué la puerta de embarque de mi vuelo a Chicago. Es ahí cuando me entero que éste fue cancelado, por el mal tiempo. Efectivamente, aquí en Estado Unidos es verano, pero quien puede librarse o predecir fácilmente este tipo de situaciones climáticas. Desde el aeropuerto de Dallas podía ver el cielo nublado y la lluvia que había afuera. “Caballero, nomás” –me dije a mí mismo.



- Excuse me, do you speak spanish?
- No, I don’t. Sorry.

Si no hablas ingles en los Estados Unidos, literalmente, estás frito. En otras situaciones es más fácil arreglártelas con el idioma, como por ejemplo, en un restaurant. En cambio, cuando estás en medio de un problema, así sea pequeño o grande (como perder tu vuelo), las cosas cambian.

Se me acerca un señor, de unos 40 años, y me dice:

- Excuse me, Sir. Can I help you? I speak Spanish and English.
- Really?
- Yes.
- Of course, thank you so much.

No sé cómo se llama esta persona, lo único que sé es que tiene un acento mexicano, y habla un inglés fluido. Él estaba justo detrás mío, esperando su turno para que lo atiendan. Él me ayudo a solucionar la reprogramación de mí vuelo, y luego de esto me di cuenta que el asunto no era tan complicado como me lo imagine. Ahora no iba de Dallas a Chicago, sino más bien de Dallas a Miami, y después de allí a Chicago.

Mientras resolvía este pequeño inconveniente, Allison, ya estaba en Chicago, esperándome junto a su abuela y su tía. Llegué a Chicago a las 5:30 p.m., y luego emprendimos nuestro viaje rumbo a Iowa.


viernes, 25 de julio de 2014

RAGBRAI (I)

Viernes 25. En Iowa es verano, y éste está acompañado de summer rain (lluvias de verano). Según el reporte del tiempo (que algunas veces falla) hoy y los próximos días habrá mucha lluvia. Esto es raro para un sudamericano, y para un iowano es algo común.

Mientras llueve cientos de ciclistas se encuentran pedaleando en el RAGBRAI, desde el día lunes. Este año (2014) es la XLII versión de este famoso encuentro de amantes de la bicicleta. Decir “amantes de la bicicleta” no es algo gratuito, porque en el RAGBRAI no sólo participan ciclistas profesionales, sino tambien cualquier persona que guste de este deporte de dos ruedas: niños, jóvenes, adultos mayores.

El RAGBRAI es toda una tradición en Iowa.

Me imagino que en el RAGBRAI deben de haber muchas cosas interesantes, y pienso que la mejor forma de averiguarlo es yendo al mismo.  


Nota: las fotos son de la pagina del RAGBRAI. Ahi se pueden encontrar mas fotos, videos, y mucha informacion: http://ragbrai.com/2014/07/25/photos-waverly-to-independence/

Viajando por la "freeway"

Ayer llegamos a la casa de Grandma de Allison (alguna veces Allison la llama “Sexgrandma”). Viajamos desde Grimes (Des Moines) hasta Central City (Cedar Rapids), lugar en donde vive la Grandma Bonny. Afortunadamente, el viaje no fue tan pesado como la otra vez, en aquel entonces, había 35 grados de temperatura en la carretera 80. Además de eso, el día anterior habíamos ido con Allison a un matrimonio en donde tomamos, bailamos, comimos, etcétera (ahí pude practicar mi incipiente inglés, que dicho sea de paso más de uno me dijo que es bueno y se entiende).

El viaje duró dos horas y medias. Y lo que uno ve durante el viaje, además de autos y trailers, es mucho paisaje verde, mucho campo, mucho maíz y arboles. Iowa podría ser un pedazo de paraíso; o mejor dicho Iowa  es uno de los tantos sinónimos de aquella palabra.  

Llegamos a la casa de la grandma Bonny. Ella está en casa junto con Tracy y Tristan, ambos tía y primo de Allison. La grandma Bonny nos recibe con unos tacos mexicanos. También hay vino de Illonis. Nos reciben, sobre todo, con los brazos abiertos, y con mucho cariño. Quizás alguien se pregunte, porque nos reciben con tacos mexicanos y no, por ejemplo, con algo típico de este lugar. La respuesta es sencilla: la comida mexicana es la favorita de Allison.

He comido muchos tacos mexicanos, tanto así que ahora –por fin- puedo diferenciarlo de las enchiladas y las quesadillas, también mexicanas.


sábado, 19 de julio de 2014

Algo sobre On the Road

 El cuatro de julio, yo y Allison, organizamos una fiesta en la casa. El motivo: el día de la independencia de los Estados Unidos. La idea fue de Allison, yo lo único que hice fue apoyar aquella idea, porque siempre hay más de un motivo para hacer una fiesta, y quizás el motivo más importante es ver a nuestros viejos amigos.
Aquel dia cuando llegué a la fiesta, ésta ya había empezado. Y, como en toda fiesta, llega un momento en que a uno le da la impresión que todos hablan con todos. En esta ocasión, fácilmente, se mezclaba, el inglés con el español. Algunos gringos hablando español, algunos chilenos hablando inglés. No obstante la diferencia idiomática, más de uno se las ingenió para comunicarse, o mejor dicho, para hacerse entender con la otra persona (incluso apelando a recursos efectivos como el conquistar a la otra persona).

Recuerdo que ese día sonó tres canciones de The Doors: el encendido Light my fire; la casi psicodélica LA woman; y Riders on the storm.




En mis más de treinta años debo decir que no conozco mucho sobre Jim Morrison y menos se sobre los demás integrantes de aquella banda, tanto es así que por un momento pensé que ellos eran de Inglaterra. Ignorancia, hoy, superada. The Doors es de los Estados Unidos. Luego, y esto es una curiosidad de parte mía, encontré otras cosas mas: Jim además de hacer música escribió poesía; murió muy joven (la mayoría dice por una sobre dosis); fue un lector de Jack Kerouac, poeta beat, fue el primero quien empleo la palabra beat para hacer una referencia a un cambio en la literatura norteamericana, o al cambio que él junto a otros escritores (entre ellos, Allen Ginsberg) estaban realizando a la literatura.

Más temprano que tarde, On the Road de Kerouac llegó a mis manos. El libro lo encontré a tres cuadras de mi casa. El libro no lo estoy leyendo en el idioma original (inglés) sino en una traducción al español de la editorial Anagrama. El traductor, Martín Lendínez, no obstante de adaptarlo a un español madrileño o al español que uno escucha en TVE, logra captar casi todas las emociones del libro, porque desde las primeras páginas uno ya es capturado por la prosa de Kerouac. Es más, uno, no necesita hacer mucho esfuerzo para seguir o captar las imágenes que el autor va desarrollando o mencionando. Hago esta referencia porque el mismo Kerouac cuando publico por primera vez esta novela (1957), era dificil de entender para los mismo lectores de habla inglesa.

En las primeras paginas de On the Road encontramos lo siguiente: “Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente nunca bosteza no habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz y todo el mundo suelta un <>”.
Cuando vuelvo a escuchar LA Woman es casi como tener la misma sensación de estar leyendo On the Road, y quizás esto sea algo nuevo que voy descubriendo de The Doors.




domingo, 27 de abril de 2014

Se fue la tesis



Exactamente no sé cuántos libros haya leído para hacer mi tesis de magíster. Creo que fueron pocos (menos de los que figuran en la foto). Lo cierto es que releí bastante esos pocos libros. También conversé mucho con los amigos sobre la tesis. Cada conversación, indirectamente, me ayudaba a aclarar mis ideas, y en el mejor de los casos despejar dudas. Creo, sí, que la tesis pueda que tenga un autor, pero ésta está hecha por muchas personas.

Así como hay libros también hay otras cosas que acompañan en el largo -y a veces penoso- camino de la tesis, una de esas cosas es la música. Podría destacar a Lou Reed, y el siguiente tema:



Pd.- Aunque ya lo haya dicho, en varias ocasiones, debo agradecer a: a los amigos, a la ñusta, a la familia, los camaradas, a los bibliotecarios, a las secretarias, a los profes, a los correctores, a los evaluadores...

jueves, 26 de diciembre de 2013



Todo viajero siempre ha deseado llevar un ligero equipaje para evitar un dolor de espalda o para no pagar sobre peso. Ante esto, cabe preguntarse, ¿qué llevar y qué no llevar? Uno comienza con lo más básico (cepillo de dientes, desodorante, calcetines, etc.), y luego termina llevando casi todo el armario.

Inicialmente mi equipaje era una pequeña mochila (una que uso para ir a la universidad). Todo comenzó con querer llevar dos botellas de vino blanco (ideal para estas fiestas de fin de año). Luego, vino la ropa, los libros, la música, algunos regalos, hasta que me di cuenta –ya muy tarde- que me faltaba espacio para más cosas, y terminé con una mochila de “mochilero” que viaja a dedo.

Una vez en el aeropuerto de Santiago escucho diferentes idiomas: inglés, francés, portugués, alemán, chino; veo carritos de tres ruedas por todos lares; veo gente buscando gente; veo cafés con mesas vacías; veo tiendas que venden regalos; veo teléfonos monederos; veo cajeros automáticos.
Ya en la sala de espera la gente no la pasa tan mal, todos conversan o si no duermen. Creo que más de uno está predispuesto para la conversación, (o al menos ése día y a ésa hora así lo estuvo).

-         Hola, ¿a qué hora sale tu vuelo?
-         Dentro de dos horas y media (2:30 a.m.)
-         ¿Y el tuyo?
-         En media hora.
-         Maldito!

Se llama Silvana, es de Colombia, tiene 23 años, y me dice que no le gustó Santiago, y ahora se va a la Argentina a recoger sus cosas para luego irse a Colombia.

-         ¿Y carreteaste?
-         ¿Qué es eso?
-         Salir de fiesta, música, baile (aunque se baila poco a diferencia de Perú y Colombia), cerveza, buena conversa y más cosas.
-         No pude ir a carretear. Mi prima llegaba muy cansada a la casa después de su trabajo.
-         Ahí está el problema. Santiago es una invitación para hacer algo mejor que dormir. Por lo general, esta ciudad vive de noche -le digo.

Mientras conversamos, veo de reojo a mí alrededor y todos siguen conversando, otros durmiendo. En sí, todos la pasan bien. El aeropuerto es un lugar para hacer muchas cosas. No tanto porque uno así lo quiera, sino porque de lo contrario uno se aburre (Silvana me dice que cuando se le terminó la batería del celular, comenzó a sentir más largas las horas).

Es hora de hacer el “check in”, y luego tengo que hacer una fila para que registren mi equipaje. Tuve que esperar casi cuarenta minutos para que me tocara mi turno, y como aquí no puedes hablar ni dormir, los minutos se hacen largos. Una vez entregado mi equipaje, sentí un gran alivio, pero creo que no debí cantar victoria, porque luego tuve que hacer otras dos interminables filas: una para la revisión del equipaje de mano, y otra para abordar el avión.

Una vez sentado en el avión (¡por fin!) todo parece caminar solo. La gente acomoda su equipaje de mano; otros se ponen a leer la revista que está delante del asiento; las azafatas, siempre tan hermosas, no dejan de sonreír a los pasajeros.
Miro por la ventana y hay más gente. Pero no exactamente viajeros. Son las personas que suben nuestros pesados equipajes; otros están llenando el tanque de combustible del avión; también hay carritos que tienen una luz de sirena color naranja, y que andan de un lugar a otro.

El avión despega lentamente, y yo comienzo a sentir cosquillas en el estómago. Quizás sea porque viajo después de doce años en avión. Se eleva el avión. Me cuesta saber que estoy volando, menos mal que ya no se me cruza por la mente aquella terrorífica idea de que existe la probabilidad que el avión haga una viaje sin retorno.

Antes de que se eleve del todo puedo ver el gran Santiago. Encuentro un agrado especial ver a la ciudad sin su bulla habitual (la bocina de los autos, los motores de los carros, las sirenas de las ambulancias). Ahora sólo veo cientos, miles, quizás millones de luces que dibujan, algo así, como una gran isla en llamas. Y desde aquí trato de buscar la casa de la Ñusta.

Si el bajar del bus es lento, descender del avión es casi eterno. Todos quieren salir primero, y quizás por eso mismo la fila no avanza.

Son las 4:15 a.m. y en el aeropuerto de Arica no hay gente hablando diferentes idiomas; no hay gente durmiendo en el suelo. Hay menos gente conversando y pasándola bien. Aquí las únicas personas son los familiares que vienen a recoger a los suyos, y no hablan otro idioma que sea el español. Ah, también hay muchos taxistas (“a tres lucas a Arica”).

Han pasado más de dos horas y yo sigo en el Aeropuerto. Ya no hay más pasajeros, tampoco hay taxistas. Creo que las únicas personas que hay en el aeropuerto, son: el personal de una aerolínea, una señora y una chica de una cafetería, y yo tomando chocolate caliente.

Comienza a amanecer, y me doy cuenta que después de mucho tiempo que contemplo un amanecer, sin alcohol. Y un amanecer en el Aeropuerto de Arica, es casi una tarjeta postal, por la mezcla de colores que hay en el cielo (azul, naranja, amarillo, rojo rojizo), por el imponente Morro de Arica, por esas nubes que se ven muy lejos; por esos cerros de arena.

Llega mi taxi, y el conductor sube mi equipaje. Ahora mi destino es otro lugar. Uno en donde se mezcla mis recuerdos de niñez, las interminables conversaciones con los amigos; y los almuerzos familiares. Ése lugar se llama Tacna. 

lunes, 21 de octubre de 2013

"despeinar a la academia"



"Una ruptura un tanto de lo cotidiano es una introducción a la fiesta".
R. Barthes

Los congresos estudiantiles siempre han sido una buena instancia para actualizarse de lo que se viene discutiendo en una determinada área del conocimiento. Al mismo tiempo, un congreso es la excusa perfecta para hacer un viaje de turismo y para beber, bailar, en bares o discotecas que difícilmente uno podría encontrar en su lugar de origen. Los congresos sirven para todo; el mero hecho de viajar justifica la elección.

Pero también los congresos académicos pueden ser instancias para legitimar un tipo de saber. Es decir, un congreso puede convertirse en un mecanismo para legitimar discursos y prácticas institucionalizadas, cuando debería ser todo lo contrario: ponerlas en cuestión. No está demás decir que en cada congreso hay una estructura definida, en donde se eligen “temas importantes o relevantes para la disciplina”. Y por si fuera poco, se invita a connotados académicos para que puedan dar luces sobre dichos temas, y éstos mientras vengan de lugares más alejados, mejor. Me pregunto, ¿a quién le damos la palabra, y a quién la quitamos?, ¿qué temas tratamos, o sobre quienes hablamos?

Esta descripción corresponde al congreso promedio que abunda en el ambiente de la academia. Afortunadamente, hay otro tipo de congresos, y éstos prefieren una denominación más simple y menos ambiciosa: jornada, seminario, encuentro, taller, etcétera. Aquí las reglas se alteran, y se eliminan formalismos innecesarios, y quizás con eso ya se hace mucho, porque nos brinda la posibilidad de ver que otras instancias son posibles.

Acabo de participar a uno de estos congresos. Me invitaron, sin anticiparme lo suficiente de la dinámica del seminario (Felipe, organizador del seminario,solo me dijo: "queremos despeinar a la academia"). Cuando llegué había prácticamente una fiesta, y eso era apenas el coffee break. En las mesas de discusión se prescindió de los títulos académicos con el propósito de hablar de tú a tú, y no de “estimado doctor” a “estimado estudiante”. Hubo algunas cosas pequeñas y curiosas como por ejemplo la presencia de una botella de pisco sour helada, algo propicio para la tarde calurosa que se comienza a sentir por estos días en Santiago.

Cuando me tocó intervenir, por respeto al público evité leer la totalidad de mi trabajo. Sólo plantee el tema, y las ideas centrales, para que a partir de ahí se tejiera un dialogo. Y vaya que sí la hubo.
Los organizadores me comentaron que organizar este seminario, con esta particular dinámica, fue prácticamente arriesgarse. Arriesgarse de que viniera poco público, o que la respuesta del público no sea la esperada. Pero ni lo uno ni lo otro ocurrió. Hubo mucha concurrencia y amplia aceptación.
Ojalá hubieran más de este tipo de seminarios, y así la academia estaría más relajada para pensar.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Dos días y medio



En el anterior post señalé que sí existe un paraíso, y ese se llama “Playa Ensenada”. En este post no quisiera hablar de la playa en sí. Me gustaría contarles cómo llegué y qué hice en este pequeño paraíso.

Vicente, amigo y compañero de estudios, en el verano me invitó, junto a otros amigos, a pasar unos días en su casa que está en la playa Ensenada. Por diferentes circunstancias -o planes que cada uno tenía- no fuimos a la playa. Este mes, nuevamente, Vicente nos hizo la invitación para ir a la playa. El motivo: su cumpleaños número 27. Sin pensarlo dos veces acepté la invitación.

Además de querer compartir un momento de diversión, como es el cumpleaños de un amigo, debo de confesar que tenía unas ganas enormes de salir de la ciudad. Quería “desconectarme”. Pues mis días no solo se habían vuelto rutinarios, si no también me estaban consumiendo de a pocos. Esta rutina no consistía en tener un horario fijo de entrada y salida del trabajo –que no es tan grave, o motivo suficiente para alarmarse-. Mi rutina era tener muchas cosas en distintos lugares, y en diferentes horarios. Momentos para la lectura o escuchar música eran desplazados por la urgencias laborales.

Salir de Santiago por la autopista era un gran alivio. Justo a esa hora (6:00 p.m.) había un “taco” (congestión vehícular), por lo que salir de Santiago fue lento, y no doloroso, porque esa lentitud hacía que yo esté  muy consciente de que me estaba alejando, poco a poco, del gran Santiago.

Ya en la casa de Vicente, no está demás preguntarse ¿cuál es el plato infaltable para un cumpleañero, como Vicente, una persona además de ser muy trabajador y amiguero, es extremadamente cortes con los amigos? Pues un delicioso asado. Y vaya que si los hubo, y no faltó nada aquel fin de semana.

Yo había decidido comportarme moderadamente con el delicioso vino tinto. Es decir, bajar mi consumo promedio de dos botellas de vino a una. Y creo que lo cumplí, ya que al día siguiente, al pasear por la cocina o el living o la terraza, yo era prácticamente el único a esas horas. Varios de las personas comenzaban a desfilar después de las 11:00 a.m.   Yo minutos antes de las ocho ya estaba de pie y con una taza de té caliente en la mano frente al mar.

Estar en la terraza de la casa de Vicente me brindaba una cita con el mar. Mirar el horizonte era prácticamente perderse en él. Ver a las gaviotas, ver las rocas, y respirar la brisa del mar era prácticamente embriagarme de naturaleza. El único lenguaje era el silencio, o mejor dicho los sonidos de las olas.

Fueron dos días y medio cerca del mar, y sentirme como siempre hubiera estado aquí, sólo que me había ausentado un momento para ir a comprar pan a la ciudad y me demoré más de lo debido.

Recuerdo que en una conversación con un amigo, sobre las bondades de este paraíso, llegamos a la sana conclusión de que proponerse escribir aquí, y no poder lograrlo, es imposible. En ese sentido, me animé a tomar lápiz y papel. El resultado es lo que sigue:

Sábado 07 de septiembre
“El verano tardó, pero llegó”.
“Qué trataran de decirme las olas que nunca se cansan de decírmelo”.
“Las rocas bañadas por las olas revelan la fragilidad de mis ojos”.

Domingo 08 de septiembre
“El viento del mar, qué más hermoso. Juega con todo lo que se le cruza, juega con las olas, las gaviotas, la arena, las plantas, y hasta conmigo”.

Ahora que estoy en el gran Santiago, afortunadamente, aun no del todo sobre la rutina, encontré un maravilloso libro cuya temática es el mar. Es el primer libro de poemas de Rafael Alberti (1902-1999) que se llama “Marinero en tierra” (1924). Ahora que estoy lejos del mar, me identifico con el siguiente fragmento:


“Si mi voz muriera en tierra
Llevadla al nivel del mar
Y dejadla en la rivera”.
Rafael Alberti

jueves, 12 de septiembre de 2013

Instituto Ensenada

Si existe algo así como un paraíso terrenal, pues se llama "Playa Ensenada", o para algunos "Instituto Ensenada".



sábado, 31 de agosto de 2013

Diez de la mañana



Levantarse de la cama a las ocho de la mañana, un día sábado, ya es un acto heroico. Ducharse, desayunar, lavar la loza (platos)... también lo es. Pues tuve que hacer todo esto para estar a las diez de la mañana en punto en la Biblioteca Municipal de Providencia, ya que si llego tarde, pues me quedo sin asiento para trabajar en la obra.

Ahora me encuentro en la Biblioteca intentando terminar la obra. Solo veo: paredes, mesas, luces, libros, sillas, computadores, baños, revistas, diarios, botellas de agua, relojes, letreros que dicen "silencio", teléfonos, niños, ancianos, adultos, jóvenes...

Ay! Esta obra siempre comienza, continua, interrumpe, entrampa, paraliza, avanza, pierde, encuentra, recupera, corre, sigue, descansa, y nunca termina...

Esta obra parece piedra, barro, masa, madera, metal, arena, cemento, plástico... a veces, es pasiva, otras, activa. Pero cuando quiere se vuelve rebelde, y "te domina como una mujer"...

La calma, el silencio, la serenidad, la astucia, la habilidad.... ¿dónde están?, ¿o será acaso que todo este tiempo han ido dominando poco a poco a la obra?

jueves, 18 de julio de 2013

SANTIAGO

Podría llamarla la ciudad del vino,
Podría llamarla la ciudad de la cordillera,
Podría llamarla otoño.
Esta ciudad siempre está desnuda,
Y nunca te pide algo a cambio.
Te come y te vomita,
Te acaricia y te ama.
Puedes nacer de verdad en esta ciudad,
Puedes estar siempre solo con Santiago.

Bolsillos y zapatos

A veces llegamos hasta donde llegan nuestros bolsillos,
Y las puertas se cierran antes de tocarlas.
Otras veces llegamos hasta donde llegan nuestros zapatos
Y ya no podemos regresar ni avanzar.