Este año ha sido muy particular para Chile. En febrero fuimos víctimas de los embates de la naturaleza. Casi todo Chile se vio seriamente afectado por el terremoto, incluso hasta ahora. Pero por otro lado, hay una alegría por estas fechas por la destacada paticipación del equipo chileno en el Mundial de Sudáfrica. Es asombroso ver como poco a poco nos vamos recomponiendo del ayer. El hoy se siente y se hace más presente.
Quien hoy elija por oficio el trabajo filosófico ha de renunciar desde el comienzo mismo a la ilusión con que antes arrancaban los proyectos filosóficos: la de que sería posible aferrar la totalidad de lo real por la fuerza del pensamiento. Ninguna razón legitimadora sabría volver a dar consigo misma en una realidad cuyo orden y configuración derrota cualquier pretensión de la razón; a quien busca conocerla, sólo se le presenta como realidad total en cuanto objeto de polémica, mientras únicamente en vestigios y escombros perdura la esperanza de que alguna vez llegue a ser una realidad correcta y justa.
“Nosotros les ganamos la guerra” fue la frase que escuche mientras almorzaba un Caldo de gallina.
La frase por si sola no me llamó la atención, lo que me llamo la atención es lo que hay detrás de aquella afirmación y la forma cómo la pronuncio la persona a su contrincante. Para empezar la guerra a la que se refería es la del Pacífico (1879) entre Chile y Perú-Bolivia. No hay nada de nuevo decir quien fue el ganador y quienes los perdedores –ni que fuera un flash informativo-, dado que la guerra fue hace más de un siglo. Lo que me llama la atención es el hecho de recurrir a ése hecho para querer ganar -por decirlo de alguna manera- una discusión “domestica”; de utilizarlo como un arma contra un oponente. Si no ¿por qué darle tanta importancia a un hecho pasado? Lo único que se me viene a la mente es que aquellos hechos del pasado aún siguen vivos para algunas personas.
Termino mi Caldo de gallina, y la guerra todavía no terminaba.
Posdata.- quiero despedirme con una canción de los Jaivas (Chile).
Si bien uno de los tantos problemas del Perú es de carácter social, nadie mejor que Vargas Llosa ha descrito dicho mal en una de sus memorias (El pez en el agua):
“Pero la verdadera razón del fracaso matrimonial no fueron los celos, ni el mal carácter de mi padre, sino la enfermedad nacional por antonomasia, aquella que infesta todos los estratos y familias del país y en todos deja un relente que envenena la vida de los peruanos: el resentimiento y los complejos sociales. Porque Ernesto J. Vargas, pese a su blanca piel, sus ojos claros y su apuesta figura, pertenecía –o sintió siempre que pertenecía, lo que es lo mismo- a una familia socialmente inferior a la de su mujer. Las aventuras, desventuras y diabluras de mi abuelo Marcelino habían ido empobreciendo y rebajando a la familia Vargas hasta el ambiguo margen donde los burgueses empiezan a confundirse con eso que los que están más arriba llaman el pueblo, y en el que los peruanos que se creen blancos empiezan a sentirse cholos, es decir, mestizos, es decir, pobres y despreciados. En la variopinta sociedad peruana, y acaso en todas las tienen muchas razas y astronómicas desigualdades, blanco y cholo son términos que quieren decir más cosas que raza o etnia: ellos sitúan a la persona social y económicamente, y estos factores son muchas veces los determinantes de la clasificación. Ésta es flexible y cambiante, supeditada a las circunstancias y a los vaivenes de los destinos particulares. Siempre se es blanco o cholo de alguien, porque siempre se está mejor o peor situado que otros, o se es más o menos pobre o importante, o de rasgos más o menos occidentales o mestizos o indios o africanos o asiáticos que otros, y toda esta selvática nomenclatura que decide buena parte de los destinos individuales se mantiene gracias a una efervescente construcción de prejuicios y sentimientos –desdén, desprecio, envidia, rencor, admiración, emulación- que es, muchas veces, por debajo de las ideologías, valores y desvalores, la explicación profunda de los conflictos y frustraciones de la vida peruana. Es un grave error, cuando se habla de prejuicio racial y de prejuicio social, creer que éstos se ejercen sólo de arriba hacia abajo; paralelo al desprecio que manifiesta el blanco al cholo, al indio y al negro, existe el rencor del cholo al blanco y al indio y al negro, y de cada uno de estos tres últimos a todos los otros, sentimientos, pulsiones o pasiones, que se emboscan detrás de las rivalidades políticas, ideológicas, profesionales, culturales y personales, según un proceso al que ni siquiera se puede llamar hipócrita, ya que rara vez es lúcido y desembocado. La mayoría de las veces es inconsciente, nace de un yo recóndito y ciego a la razón, se mama con la leche materna y empieza a formalizarse desde los primeros vagidos y balbuceos del peruano.”
Mientras escribo estas líneas el sol se ha ocultado y el frío me llega a los huesos, Mientras escribo estas líneas enciendo un cigarro y juego con su humo, Mientras escribo estas líneas una mujer llora y un hombre se marcha, Mientras escribo estas líneas un peatón cruza la pista y otro no logra cruzar, Mientras escribo estas líneas alguien me mira, yo le miro, y dejo de escribir.
Cada momento puede convertirse en algo eterno si estamos despiertos. No necesitamos de recetas para vivir. Muchas veces nuestra vida y la vida misma, son nuestras mejores maestras.
Había conocido el verano, la primavera, el invierno, pero no el otoño. (No me refiero al otoño del calendario, sino al otoño del alma). Ese momento del alma en donde las preguntas y respuestas se agotan. Solo hay una sensación de paz, de tranquilidad, de serenidad, de contemplación.
Mi niñez representa la primavera, Mi juventud, el verano Mi adultez, el otoño Mi vejez, el invierno…
Las traslúcidas manos del judío labran en la penumbra los cristales y la tarde que muere es miedo y frío. (Las tardes a las tardes son iguales.) Las manos y el espacio de jacinto que palidece en el confín del Ghetto casi no existen para el hombre quieto que está soñando un claro laberinto. No lo turba la fama, ese reflejo de sueños en el sueño de otro espejo, ni el temeroso amor de las doncellas. Libre de la metáfora y del mito labra un arduo cristal: el infinito mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.
Responder a la pregunta que lleva por título este post nos puede llevar a una larga e inacaba discusión. Sin embargo, la pregunta -quizás- siempre estará ahí presente, teniendo en cuenta que Zavalita, célebre personaje de la novela Conversación en la Catedral (Vargas Llosa), la pronunció hace más de 40 años. En la blogsfera esta circulando un vídeo que resume en cierta forma aquella pregunta. Aquí el video:
1. BUSCANDO NUEVOS HORIZONTES En plena Plaza de Armas de Santiago de Chile está la Catedral y a su costado la “Pequeña Lima”. Dicho lugar es el centro de reunión de peruanos que están en busca de un puesto de trabajo. Otros, ofrecen la más variada gastronomía peruana al público chileno. Los domingos o fechas festivas cualquier persona que transite por la calle Catedral le parecerá estar en el Perú; pero no lo es, es Chile y hace más de veinte años los peruanos han llegado de manera progresiva a éste país y han influido en sus costumbres.
En Chile radican aproximadamente 85 000 peruanos[1], la mayoría se concentra en Santiago. Esta cifra convierte a los peruanos en la colonia extranjera más numerosa de Chile. Entre las principales ciudades de procedencia figuran: Trujillo, Chimbote y Lima. Muchos han utilizado redes sociales (familiares y amigos) para asentarse en Chile. La mayoría de peruanos migrantes son jóvenes, cuyas edades fluctúan entre los 20 a 39 años.
La principal causa de la migración peruana hacia Chile es de índole económica. Es decir, los peruanos que dejan el Perú lo hacen con el propósito de mejorar sus condiciones de vida. Los factores que han facilitado la migración son: la cercanía geográfica, el idioma, el origen urbano y los menores costos de transporte[2].
2. COMIDA PERUANA Y ALGO MÁS La comida peruana ha impactado a la sociedad chilena. Los chilenos no han podido resistirse a la tentación de un cebiche, un ají de gallina, una causa rellena, un lomo saltado, etc. En Santiago existen más de 150 restaurantes de comida peruana, y la tendencia es que siga creciendo. Así también, en el campo de la música y el baile destaca la Marinera Norteña. Desde el 2007, en Santiago, se organiza el Concurso Internacional de Marinera Norteña, en donde no solo participan peruanos, sino también chilenos, quienes sienten un gusto especial por la Marinera (algunos la llaman “la prima de la Cueca”). Ello explica que en Santiago existan alrededor de seis academias de Marinera Norteña, entre ellas podemos mencionar al Grupo Videla y al Grupo Matices[3].
Merece un punto aparte el aspecto religioso. Desde 1992 se realiza la tradicional procesión del Señor de los Milagros, si bien al inicio eran pocos los que participaban en este acto de fe, en la actualidad existe una hermandad del Señor de los Milagros en Santiago, que esta integrada por peruanos y chilenos, y cada mes de octubre miles de personas salen a las calles a participar a la procesión del Señor de los Milagros (el último año participaron más de 15 000 personas).
3. DERECHOS NO RECONOCIDOS Son diversas las dificultades que enfrentan los peruanos en Chile. Nosotros señalaremos solo dos casos que constituyen una transgresión a sus derechos fundamentales, teniendo en cuenta que la nacionalidad de una persona no debe ser motivo de discriminación para el reconocimiento de sus derechos. El primer caso esta referido al no reconocimiento de la nacionalidad chilena a los hijos de peruanos con situación migratoria irregular. El segundo corresponde a un caso de xenofobia de un candidato parlamentario de la derecha chilena (Cristian Espejo).
Ahora bien, respecto al primer caso, los hijos de un extranjero nacido en territorio chileno, por regla general, tienen el derecho a la nacionalidad chilena. El problema surge cuando los padres del menor tienen una situación migratoria irregular (por ejemplo, no tienen una visa vigente), y cuando van al Servicio de Registro Civil e Identificación a inscribir al menor, dicha institución los registra como “hijo de extranjero transeúnte”, negándole de esta forma la nacionalidad chilena. Al respecto, el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales (Chile), ha señalado, por un lado, que este hecho constituye una vulneración al derecho a la nacionalidad; por otro lado, la situación irregular de los padres no debería afectar la situación migratoria del menor[4].
Respecto al segundo caso, en las últimas elecciones parlamentarias (2009), el ex-candidato al parlamento, Cristian Espejo, propuso en su campaña electoral “deportar a los peruanos ilegales”; además, calificó a la migración peruana como negativa. Las respuestas no se hicieron esperar, organizaciones civiles, entre ellas el Comité de Refugiados Peruanos en Chile, alzaron su voz de protesta. Así también, desde el Palacio de La Moneda se emitió un comunicado en donde rechazaron la propuesta planteada por el candidato mencionado.
4. TAREAS PENDIENTES La migración de miles de peruanos merece una reflexión desde diferentes perspectivas, principalmente desde el Estado peruano. Porque si la principal causa de la migración peruana es de índole económica, ello evidencia que hay un incumplimiento de deberes por parte del Estado peruano con sus ciudadanos. En ese mismo sentido, Gabriela Pizarro, ex-relatora de Naciones Unidas para los Derechos Humanos de los Migrantes, ha señalado: “el crecimiento económico del Perú no se ha reflejado en una mejora significativa del mercado laboral que permita la inserción laboral de los jóvenes y la reducción del desempleo y la informalidad”[5].
Por último, en el campo internacional, resulta importante y necesario mejorar las relaciones bilaterales entre Perú y Chile. Durante el 2009 han prevalecido los impasses, tanto de un país como del otro, que no solo perjudican a los gobiernos de turno, sino también a sus ciudadanos. Consideramos que es urgente diseñar una política migratoria inclusiva entre ambos países, en donde prevalezcan criterios como el reconocimiento, respeto y protección de los derechos fundamentales de los migrantes.
Nota: Las fotografìas corresponden a Fernando Carrasco (Chile). [1] Fuente: Departamento de Extranjería y Migración de Chile. [2] Carolina Stefoni, La migración en la agenda Chileno-Peruana: Un camino por construir. En: Nuestros Vecinos, Mario Artaza Rouxel y Paz Milet García (editores), Ril Editores, 2007, Santiago, pág. 552. [3] Diario El Mercurio, El Perú en nuestras costumbres (en línea), 27 de febrero del 2010. Consulta: 6 de marzo del 2010. Disponible en: http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id=%7bda0062e9-175b-4383-bce7-051329517c44%7d [4] Centro de Derechos Humanos, Universidad Diego Portales, Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile 2009, Santiago, 2009, pág. 261. [5] Defensoría del Pueblo del Perú, Informe N° 146. Migraciones y Derechos Humanos. Supervisión de las políticas de protección de los derechos de los peruanos migrantes (en línea), Lima, 2009, págs. 39-40. Consulta: 6 de febrero del 2010. Disponible en: http://www.defensoria.gob.pe/modules/Downloads/-informes/defensoriales/informe-146.pdf